Por Fabián Soberón
Para LA GACETA - TUCUMÁN
-¿Cuándo empezó a escribir?
-Mi primera narración fue El romance del Aniceto. Tenía 22 años. Y para comenzar mis excesos debo confiarle que no lo escribí porque considerara que podía acometer sucesos narrativos. Sencillamente comencé a escribirlo buscando una salida de escape a mi angustia de haber tenido -por necesidad- que abandonar mi tierra, mis cielos, y mis fechorías de muchacho marginal. Así es que, como desahogo, comencé a escribir El Aniceto, que de alguna forma era yo. En un cuento posterior, La Boliviana, quizá pueda entenderse este estigma.
-¿Cuáles fueron los autores que consideraba precursores o referentes cuando escribió el libro que se acaba de reeditar?
-Nosotros no hemos tenido formación cultural. Yo apenas he cursado el cuarto grado primario. Pero sí recuerdo, como cosa particular a lo sensible, que en el rancho en que vivíamos, siendo muchacho, abrí una vez una Biblia, y la primera frase, “Y en el principio era el caos...”, causó en mí, desde la concepción puramente narrativa una conmoción que aún hoy perdura. Recuerdo, también haber leído La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Y posteriormente algunos otros autores entre los que destaco a Roberto Arlt.
-La primera edición de su libro es de 1969. ¿Ha cambiado su visión de la literatura desde aquella edición hasta hoy?
-Sí, ha cambiado. Hoy el realismo escrito por terceros me conmueve como siempre. Pero en lo personal, ahora me es imperioso transitar por un camino en donde los personajes convivan desde el realismo con lo ilusorio, e inclusive con lo fantástico.
-¿Cómo ve hoy su libro El romance del Aniceto? Considero que tiene, aún hoy, cosas atendibles.
-Hay en sus cuentos un trabajo preciso con el lenguaje y un oportuno uso del suspenso narrativo. También se lee una estructura sólida en cada cuento y una aproximación a la estética realista. Creo que hay un cruce logrado entre precisión formal y atmósfera social (escenarios de pobres, miseria pueblerina, etc.), dos aspectos que en ocasiones van separados en otros narradores.
- ¿Le preocupa tanto el trabajo formal como “el tema” o la atmósfera social en sus cuentos? ¿Cómo ve esta relación?
-Me siento en conflicto para explicar lo que usted pregunta... Dividir la formalidad estética de la cual pueda emerger lo social, es un discernimiento que me cuesta dilucidar. Si en mis trabajos aparecen estas interrelaciones, brotan naturales sin advertencias de que están ocurriendo.
-”El dependiente” es casi una novela corta. ¿El proceso de escritura de este texto fue similar a la escritura de los cuentos más breves?
-No. En “El dependiente” la índole de los personajes “apresa” al narrador y lo obliga a la lasitud, a irlos desmenuzando en sus detalles mínimos, pues están constituidos de infinitas pequeñas miserias; de ahí que casi se me hayan ido a novela corta. Los otros no. En algunos he rozado la simbología más que la narrativa en sí, por ejemplo: “De un sucedido”.
-¿Cómo construyó “El dependiente”, ese cuento extraordinario?
-”El dependiente”, como todos los demás cuentos, es parte de la gente de aquel pueblo del que le hablaba. Allí, en mi adolescencia fui despertando a la composición humana que va de lo maravilloso a lo brutal. Y consideré muy necesario documentar a estos personajes de existencias tan chatas que orillan lo siniestro.
-Bioy Casares estaba descontento con las versiones cinematográficas de su cuentos y novelas. ¿Siente que las películas de Leonardo Favio basadas en sus cuentos -”El romance del Aniceto y la Francisca...” y “El dependiente”- le han hecho justicia a sus cuentos?
-Más que justicia, los engrandeció.
-En la mayoría de los cuentos la poesía se expande como un mar. ¿Piensa que es un rasgo circunstancial la marca de la poesía en su prosa? ¿O cree que es el resultado de un trabajo minucioso con el lenguaje?
-Si es que devienen zonas que se aproximan a un ritmo poético, quizá se pueda deber a un muy profundo amor a la palabra, pero si esto ocurre no es porque yo obre buscando ese hecho, que por otra parte considero peligrosísimo. Creo que si suceden rasgos poéticos en narrativa, éstos deben ser más presumidos que advertidos como “intencionalidad”. Aún después de editado, he advertido en dos o tres zonas el peligro del que hablo, pues en esas zonas, el giro de la prosa ha caído casi a prosa rimada sin que haya habido intencionalidad de mi parte. Pero también lo entiendo y lo legitimo, pues es mi forma de sentir; es inherente a mí.
-Usted es guionista, realizador cinematográfico y escritor. ¿Con cuál de estos oficios se siente más cómodo?
- Con casi todos por igual, aunque la narrativa me es más entrañable.
-¿Cómo entiende la relación literatura - cine? ¿Cree que es una relación conflictiva?
-Muy conflictiva. Porque la narrativa literaria contiene entre otras cosas introspección. Ejemplo: Al sacar entrada en el bailable, el Aniceto pide “Una, caballero...-y como siempre, la palabra lo hizo sentir ridículo, le resultaba ampulosa, como pedida desde la montura de un caballo de naipe”. Esta aclaración sensorial que permite la narrativa, y que a su vez le da al lector la advertencia de que el personaje, más allá de su rusticidad, es de una sensibilidad especial, es intransferible al cine.
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PERFIL
Zuhair Jury (Luján de Cuyo 1937-2026), escritor, guionista y director, coescribió casi todas las películas en la filmografía de Leonardo Favio. Se inició como narrador con el libro El dependiente y otros cuentos (1969), llevado al cine por Favio. Por sus guiones de El largo viaje de Nahuel Pan y El piano mudo (basada en la vida de Miguel Ángel Estrella), recibió los primeros premios Incaa. Su película El fantástico mundo de la María Montiel obtuvo el Primer Premio del Festival internacional de Karlovy Vary. Entre sus guiones más resonantes figuran los de Gatica, el Mono, Nazareno Cruz y el Lobo, Juan Moreira y Crónica de un niño solo.